
- Renuencia a avanzar o cambiar de dirección.
- Cambio en el comportamiento, como volverse más agresivo o irritable.
- Disminución del rendimiento, como una disminución de la velocidad o de la capacidad de saltar.
- Anormalidades en la marcha, como pasos cortos y entrecortados o tropiezos.
- Atrofia muscular, especialmente en la espalda y los cuartos traseros.